Ayer 2 de abril se cumplieron dos décadas desde la muerte de Karol Wojtila, hoy san Juan Pablo II, el Papa polaco. Releo las últimas páginas de un libro que, además, recomiendo: Mis años con Juan Pablo II, notas personales, escrito por quien fuera su portavoz: Joaquín Navarro Valls.
Ha llegado el momento final y un periodista alemán le pregunta cómo lo vive en lo personal. El vocero escribe en sus memorias (que también serían póstumas): Es entonces cuando se me escapa la tensión y se descontrola la emotividad: se le forma un nudo en la garganta que aparece en directo en las televisiones de medio mundo.
Más adelante comenta: Al parecer, a mucha gente le conmovió más mi emoción en público que las palabras técnicas que estaba pronunciando sobre el estado gravísimo del Santo Padre. Quizás ayudó a comprender mejor que algo muy grande estaba pasando. Se introdujo un elemento de verdad, de humanidad verdadera, que, desde luego, yo no había pretendido publicar deliberadamente.
Otro párrafo escrito el 2 de abril de 2005: Hoy, a las 21:37, ha fallecido el Papa (…) No he podido rezar ninguna oración de sufragio por su alma. Tengo la seguridad de que ya está gozando de Dios…
Hoy quiero sopesar, una vez más, el legado que, más allá de la mediación papal con Argentina, le dejó a Chile el Papa polaco. Por supuesto, un legado universal, pero plasmado desde nuestro suelo, en su visita entre el 1º y 6 de abril de 1987.
A los sacerdotes
En cuanto llegó a Santiago les recordó a los sacerdotes en la catedral de Santiago: Un sacerdote vale lo que vale su vida eucarística, sobre todo su Misa. Misa sin amor, sacerdote estéril, Misa fervorosa, sacerdote conquistador de almas. Devoción eucarística descuidada y no amada, sacerdocio desfalleciente y en peligro.
A la juventud
En el encuentro con la juventud, en una tarde memorable en el Estadio Nacional (entonces yo algo calificaba para pasar inadvertida entre los convocados), el Papa dijo apuntando al rostro de Cristo: ¡Jóvenes chilenos: no tengáis miedo de mirarlo a El! Mirad al Señor: ¿qué veis? ¿Es sólo un hombre sabio? ¡No! ¡Es más que eso! ¿Es un profeta? ¡Sí! ¡Pero es más aún! ¿Es un reformador social? ¡Mucho más que un reformador! Mirad al Señor con ojos atentos y descubriréis en Él el rostro mismo de Dios. Jesús es la Palabra que Dios tenía que decir al mundo. Es Dios mismo que ha venido a compartir vuestra existencia. Al contacto de Jesús despunta la vida. Lejos de Él sólo hay oscuridad y muerte. Vosotros tenéis sed de vida. ¡De vida eterna! Buscadla y halladla en quien no sólo da la vida sino en quien es la Vida misma. Este es, amigos míos, el mensaje de vida que el Papa quiere trasmitir a los jóvenes chilenos: ¡Buscad a Cristo! ¡Mirad a Cristo! ¡Vivid en Cristo!
Mirad a Cristo con valentía, contemplando su vida a través de la lectura sosegada del Evangelio; tratándole con confianza en la intimidad de vuestra oración, en los sacramentos, especialmente en la Sagrada Eucaristía…
En la CEPAL
Luego el Papa Juan Pablo II habló en la sede de la CEPAL: Vuestros informes técnicos merecen para mí una doble consideración. Por una parte, el hecho de que no se divisen soluciones de fondo a la extrema pobreza sin un aumento substancial de la producción y, por tanto, un sostenido impulso del desarrollo económico de la región entera. Por otra parte, el que esa solución, en virtud de su largo plazo y de su dinámica interna, sea del todo insuficiente de cara a las urgencias inmediatas de los desposeídos. La situación de éstas, está pidiendo medidas extraordinarias, socorros impostergables, subsidios imperiosos. ¡Los pobres no pueden esperar!
Y aun dentro del problemático contexto de la economía, la vida humana conserva, en su núcleo más íntimo y sagrado, ese carácter intangible que a nadie es dado manipular sin ofensa a Dios y daño de la sociedad entera. Defendámoslo a toda costa ante la facilidad de las ‘soluciones’, fundadas en la destrucción. ¡No a la anulación artificial de la fecundidad! ¡No al aborto! ¡Sí a la vida! ¡Sí a la paternidad responsable!
En el Parque O`Higgins
No pude oír sus palabras pronunciadas en el arque O'Higgins durante la beatificación de la hoy santa Teresa de los Andes: fui evacuada en un bus con el resto de los periodistas, muchos extranjeros, algunos chorreando sangre y con sus equipos destrozados, en esa tarde del amor es más fuerte. Solo vi violencia pero supe que el Papa después de beatificar a Teresa de Los Andes, destacó la mediación que preservó la paz entre Chile y Argentina.
A la familia
Rodelillo marcó el momento de la familia: Queridos esposos y esposas de Chile, vuestra misión en la sociedad y en la Iglesia es sublime. Por eso habéis de ser creadores de hogares, de familias unidas por el amor y formadas en la fe. No os dejéis invadir por el contagioso cáncer del divorcio que destroza la familia, esteriliza el amor y destruye la acción educativa de los padres cristianos. No separéis lo que Dios ha unido…
Con el mundo del trabajo
En Concepción, donde más que madrugué, se volcó al mundo del trabajo: El desafío que plantea hoy el trabajo humano no es sólo su organización externa, para que sea ejercido en condiciones verdaderamente humanas, sino sobre todo su transformación interior, para que sea realizado como una tarea diaria, con plenitud de sentido, esto es, de acuerdo con su significado último dentro del plan divino de salvación del hombre y del universo.
Despedida
Y, finalmente, ante los reclusos de Antofagasta, antes de dejar tierra chilena, exclamó: La libertad que Cristo nos ofrece, comienza por el interior del hombre, se afirma ante todo en el orden moral; allí donde tienen su raíz el egoísmo, el odio, la violencia y el desorden. Cristo ha venido a redimir al hombre del pecado que lo priva de su libertad.
A exactos veinte años de su muerte también sigo recordando ese primer llamado que nos hizo desde el balcón vaticano, en el lejano 1978, minutos después de haber sido elegido Papa: ¡No tengáis miedo!