MI PRIMERA ENTREVISTA PERIODÍSTICA

 

MI PRIMERA ENTREVISTA

PERIODÍSTICA

Lillian Calm escribe: “Entre los pasajeros iba Raquel Tapia, casada con el poeta Juan Guzmán Cruchaga, el de esos versos tan singulares de la literatura chilena que comienzan Alma, no me digas nada, que para tu voz dormida ya está mi puerta cerrada. Una tarde parisina Raquel me invitó al taller de una escultora chilena a quien conocía mucho. Era nada menos que Marta Colvin”.

Aunque cada entrevistado es importante, sea quien sea, comencé sin ni siquiera proponérmelo entrevistando a una grande. GRANDE con mayúsculas.

Recién terminado mi primer año de Periodismo en la naciente Escuela de la Universidad Católica (con mi curso se completaron las cuatro promociones proyectadas en un principio), partí en enero de 1965 en un tour que me llevaría por dos meses a Europa.

Entre los pasajeros iba Raquel Tapia, casada con el poeta Juan Guzmán Cruchaga, el de esos versos tan singulares de la literatura chilena que comienzan Alma, no me digas nada, que para tu voz dormida ya está mi puerta cerrada.

Una tarde parisina Raquel me invitó al taller de una escultora chilena a quien conocía mucho. Era nada menos que Marta Colvin.

De regreso a Chile la periodista Yolanda Ross, que dirigía un suplemento en el diario La Nación, me impulsó a escribir y publicar la que fue mi primera entrevista en letras de molde. Ya publicada se la envié a Marta Colvin, y a vuelta de correo (eran tiempos de correos y estampillas), recibí una tarjeta postal con palabras no solo alentadoras sino también memorables de una gran escultora a una novísima estudiante de Periodismo. Pienso que ese gesto epistolar fue muy importante en mi carrera.

Un atelier chileno en París (así titulé) pareció el 30 de mayo de 1965 en el suplemento Mujeres del entonces diario La Nación. Hoy, al releerlo, casi no me reconozco y encuentro en el texto más descripciones que parlamentos.

Marta Colvin me confidenció que venía a Chile cada cierto tiempo, pues seguía haciendo clases en la Escuela de Bellas Artes del Parque Forestal. Pero admitió que tampoco podía dejar París:

-Es vital para toda inspiración artística poder crear en el centro del mundo.

Se refería a su taller como su petite cave, y en ese espacio pequeño destacaban (los estoy viendo) cacharros indígenas, tolomiros y moais. En el suelo, una piel de vaca chilena cubría una trampa por la que se bajaba al sótano, su sala de trabajo, donde daba forma durante todo el día a sus monumentales esculturas. Ahí, en el centro del Quartier 15ème, tallaba y embalaba esculturas para la VIII Bienal que se realizaría ese año en Sao Paulo, Brasil.

En septiembre de 1965 Marta Colvin obtuvo, entre representantes de 52 países, e l Premio Internacional de Escultura, con su obra de piedra Torres del silencio, de 3,5 metros de alto, construida cinco años antes y hoy instalada en El Museo al aire libre en Middelheim, al sur de Amberes, Bélgica.

Era, realmente, el equivalente al Nobel pero en escultura, y venía a reconocer a quien nunca supo darse aires. Si hasta recuerdo que incluso a mí, una incipiente alumna de periodismo, me hizo firmar el libro de visitas donde ya habían dejado su dedicatoria grandes artistas y escritores, y eso no fue todo: nos acompañó, esa tarde noche, hasta las puertas mismas del Metro parisino.

No sería la primera ni la segunda ni la tercera vez que la entrevistaría, pero ya en Santiago. Entonces la fui a ver a un taller provisorio que le habían facilitado en el Museo Nacional de Bellas Artes. Pero el suyo, el verdadero, seguía siendo la petite cave parisina.

Ahora leo sobre una exposición de parte de su obra, inaugurada en el centro Cultural El Tranque, de Lo Barnechea, para conmemorar los treinta años de su muerte. Cómo se nos pasa el tiempo.

 

Lillian Calm

Periodista

27-03-2025

 

 BLOG: www.lilliancalm.com

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