EL ADIÓS A BENEDICTO
Lillian Calm escribe: “ Hoy quisiéramos dar ese sollozo inconsolable, dolido, que dio de niño quien llegaría a ser Papa y, también, uno de los grandes pensadores de nuestra época… al no encontrar el osito Tedd y ”. Hace, precisamente, dos años el tema de una de mis columnas fue el Papa Ratzinger. Era la Navidad de 2020 y me centré en un niño feliz, el menor de tres hermanos, que vivía en Marktl, municipio de la Alta Baviera, Alemania. Era feliz, pero enfermizo, lo que hizo que la familia se preocupara especialmente de él. Contaba en esa columna que los dos hermanos solían ayudar al pequeñísimo Joseph a cruzar la calle para contemplar los juguetes de una vitrina casi mágica que, como se acercaba la Navidad, se engalanaba de dorados y de abetos. Pero sin lugar a dudas lo que más fascinaba al niño Joseph era contemplar un osito que asomaba entre otros juguetes. Era de peluche y se veía amigable, muy amigable… hasta que un día una señora de la tienda Lechner salió a la calle e hizo p...